martes, 15 de abril de 2014

Corre lola, corre

Todavía no estaba de moda cuando empecé a los 22 años. No porque tuviera ganas sino por necesidad, ya que mis fines de semana eran muy movidos.  Salía como mínimo los viernes y sábados hasta el desayuno en la tia veneno de turno o en el hiperfamoso  Campeon de la Av. Aviación, donde a partir de las 4 am tenias que hacer cola para comerte un muy sospechoso sánguche bañado en salsas que ni con 5 servilletas te salvabas de ahogarte en ellas y apuntillado con corteza frita de papa, que le llamaban dulcemente “papitas al hilo”, pero en realidad era sólo hilo pero nada de papitas.

Las madrugadas mas delicadas iba uno a saber como terminaba comiendo los tacos con frejoles en la carcochita (con aceite extra usado por décima vez en la última media hora). Otros avezados preferían enterrar pico en el caldo de gallina 24 horas de la av. Aramburú.

Lo que tienen en común todos estos sitios, es que si algún dia cometías la osadía de comer en  pleno uso de tus facultades (porque la otra vez a las 7 am estuvo buenazo, te acuerdas?  te sopló tu traidora y perruna conciencia),te prometías nunca mas castigar tan cruelmente a tu sistema digestivo, que seguro alguna vez se rebeló con justa razón y te recordó, por las malas, quien mandaba.

Ello sumado a la intensidad con la que vivia y que me obligaba a beber como si de eso dependiera la producción de oxigeno del planeta, con la guinda de la cantidad de erógenos que fumaba, alrededor de 2 cajetillas por fin de semana, una el viernes y otra el sábado; producía una rajona dolorosa de la que pensaba que nunca me recuperaría y que  hacia que le prometiera a la Sarita que si salia vivo de esa sería voluntario en la próxima Teletón o campaña de ponle corazón. Y sin embargo  fumaba poco en comparación con la mayoría de mis fieles compinches de trasvase de alcohol de la destiladora hacia la garganta.

Es por ello que los domingos eran de literal resurrección que con el tiempo se fueron extendiendo también a los lunes. Los domingos sólo atinaba a comer y dormir y con un poco de suerte llegar medianamente lúcido a la noche para ver  “Goles en Acción” (y lo que daban después, si es que guardaron el secreto), que sería mi actividad productiva del dia. Así, tal cual sin exageración.

El lunes mi sistema motriz empezaba a reactivarse con cautelosa lentitud. El caminar leeeento, reaccionar al tercer bocinazo requiriéndome que salga de la pista del carro que estuvo a punto de atropellarme. Situación que insertaró mi estúpida creencia de odio hacia los lunes.

Hasta que un dia me di cuenta que no podía subir 3 pisos por las escaleras porque llegaba fulminado de cansancio por la falta de aire y exceso de ..…. mmm digámosle “sánguches con todas sus salsas transformados en energía blanda corporal que sólo servía como pretexto para comprar cinturones nuevos” . Y  tenia 22 años.

Por aquella época yo tendría aproximadamente unos 6 años yendo al gimnasio que quedaba atrás de mi casa, así que no era una persona sedentaria, al contrario juraba y perjuraba que estaba siempre listo para una convocatoria de última hora para representar a mi país en cualquier disciplina de las olimpiadas especiales. Porque además de ello, era regular participante de los campeonatos de futbol de los cuales me enteraba, al nivel que muchas veces primero me inscribían y luego me avisaban que tenia que jugar.

Al darme cuenta que me agitaba por subir unos insignificantes escalones, comprendí que no era el sport Billy que me imaginaba. Normalmente iba caminando al gimnasio quedaba a unas 4 cuadras de mi casa, pero después de aquella experiencia empecé a ir corriendo para botar las toxinas que me empujaba. La respuesta fue peor de lo esperado. Esas 4 cuadras las terminaba hecho polvo. Con dolor lumbar y todo. 4 cuadras!!! Y si, contrario a lo que pensaba, a mis 22 años tenia la resistencia física de una persona de 80.

Se me hizo rutina correr esas 4 cuadras, hasta que luego de un tiempo me quedaron chicas y aumenté la distancia con el parque que estaba en frente del gimnasio.  Una vuelta al parque y las 4 cuadras hasta casa y sentía que echaba las toxinas del fin de semana. De a pocos empecé a tener mas resistencia y empecé a sentirme bien, me cambió el humor, sonreía mas y ya no me cansaba al subir las escaleras. Hasta que un dia se me acercó el dueño del gimnasio y sonriente me preguntó:


  • Oye cuantas vueltas le das al parque?
  • DOS! (nótese entonación orgullosa)
  • Jajajajaja
Me dio una palmadita en el hombro, se dio media vuelta y se fue burlándose de mis 2 vueltas al parquecito de 300 metros. Pero porque se rie este? Que quiere que corra 1 km? Estará loco 1 km! ya no se cuenta en metros sino en KILOMETROS! La medida que te indica donde está la playa a la que estás yendo hace 1 hora en carro.

Seguí corriendo mis vueltitas mientras que lentamente iba aumentando la distancia. Hacía rato había cumplido el objetivo inicial que era limpiar las toxinas, pero la sensación al terminar de correr era tan deliciosa que seguí y seguí. Entrenar en el gimnasio,  jugar futbol, practicar artes marciales, correr tabla, jugar frontón, jugar Ping Pong, jornadas de Play Station, hacer taxifuga o cualquier otro deporte que hubiera probado, no se comparaban con la exquisitez de correr. Era de lejos, mucho mas placentero. Así me fui enganchando.

Luego de algún tiempo decidí probar en las ligas mayores:  el pentagonito.

El primer dia aún corría en buzo, polo de algodón y zapatillas nada recomendables para el trote. Hice 800 metros. Ahora que lo pienso me da risa también, como aquella vez riose de mi el dueño del gimnasio. Pero igual la sensación de placer era como uno de aquellos momentos que te sacan conejo y te dejan despeinado.

De a pocos fui aumentando mi distancia, entrando en conocimiento de técnicas y accesorios para correr. Cambié el buzo por un short, el discman por un reproductor MP3 y las zapatillas viejas de calle por zapatillas de correr.

Las endorfinas y serotoninas que liberas son tan adictivas que sigues y sigues y tu cuerpo aumenta en masa muscular y resistencia cardiovascular. Cada vez se te hace mas corto el tramo y mas intensa la sensación de bienestar y placer.

Esto hizo que paralelamente mi rendimiento en el gimnasio mejorara, que bajara mi porcentaje de grasa corporal, ya no habían esas pesadas jornadas del lunes zombie, aumentó mi energía considerablemente y hasta dormía mejor. Y obviamente y sin habérmelo propuesto, fumaba muchísimo menos que cuando empecé.

Cada vez mi distancia aumenta y mis tiempos disminuyen. El único “pero” que le pondría es que la necesidad de correr es cada vez mayor y a veces antepongo mi rutina a mis actividades sociales. Te sonaría ridículo escuchar “no voy a la reunión, porque prefiero correr”? Pues tal cual.

Con la experiencia uno se va volviendo mas exigente consigo mismo. Y lo que al inicio fue un hobby sin mayor exigencia, ha mutado a una competencia con mi “yo” de ayer. Osea tengo que hacer mejor tiempo del que hice ayer. Y al exigirme entro en debate conmigo mismo, pues cuando estoy en nivel de exigencia mi cuerpo me implora que disminuya la intensidad y yo no lo quiero hacer. Por mas exhausto que esté, tengo que seguir y mejorar.

Y es normal que mi mente subconsciente me diga que ya no puedo, que estoy muy cansado y que mejor bajar el ritmo, a lo que mi respuesta es que sí puedo, que siempre puedo dar más, que a pesar de estar a punto de caerme de cansancio, sé que lo voy a hacer. La primer señal de cansancio y orden de rendición nunca son definitivas. Siempre se puede dar más.

Es un hábito con doble beneficio, pues por un lado mejora mi estado físico y por otro mi estado mental, me hace resistir  y persistir cuando mi cuerpo hace rato pide “chepi” y quiere renunciar.

Cuando corres limpias tu cuerpo, pierdes o mantienes tu peso, aumenta tu energía, bajas tu nivel de ansiedad, duermes mejor, te vuelves mas ágil y aceleras tu metabolismo. Además disminuyes el riesgo a contraer enfermedades, alivia el estrés, aumenta tu autoestima y tu salud mental. Te vuelves mas disciplinado y mas perseverante, acostumbras a tu mente a nunca bajar los brazos y le demuestras que puedes lograrlo a pesar de estar fundido. 

Anímate, pruébalo. Correr es fácil, sólo necesitas un parque para empezar, lo puedes hacer a la hora que quieras y es gratis. Eso sí, recomiendo encarecidamente invertir en buenas zapatillas cada 600 kms. Seguro que te sentirás mejor que con otros deportes que has probado. 

No lo hagas sólo para bajar de peso. Hazlo para superar tus límites. Y nunca te rindas.



Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, en ambos casos tienes razón. - H. Ford.

miércoles, 9 de abril de 2014

La Sombra ...... 2 parte


Tal había sido mi sugestión causada por el temor hacia aquellos sueños que estaba estigmatizando. Los montones de paja que habia visto en mi cama eran en realidad restos de los papeles y cajas de los regalos de cumpleaños y que habían pasado desapercibidos hasta esa mañana. 

Aun sabiendo que era algo que sólo estaba imaginación, sentía temor de volver a soñar con eso.  La causa era irracional, pero el miedo era real. Como los miedos que puedes tener ahora. Si piensas y los analizas seguro que te darás cuenta que no tienen fundamento, que es algo ridículo. Pero dan miedo y eso es lo que finalmente cuenta. Y además acababa de cumplir 7 años.

Con el paso del tiempo llegué a acostumbrarme a las pesadillas, tanto así que me familiaricé con aquel ser con cabeza de calabaza, lo que en definitiva hizo que el miedo se redujera considerablemente, hasta finalmente desaparecer. Hasta lo nombré el Calabaza, motivado por aquellos capítulos de Charlie Brown en los cuales Linus esperaba impacientemente durante las noches de Halloween a la gran calabaza que finalmente nunca llegó. Con la diferencia que en dicho caso el personaje era sinónimo de prosperidad y esperanza.

Debido a la ausencia del factor determinante que era el miedo,  era obvio que los sueños terminarían por desaparecer. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Me enseñaron lo que era sentir miedo. Y, para mi mala fortuna, me enseñaron también que los miedos desaparecían cuando me familiarizaba con ellos. Algo así como el Síndrome de Estocolmo, cuando el secuestrado desarrolla una relación cómplice y cercana con su captor.

Esta experiencia me había enseñado que el temor desaparecía cuando me familiarizaba con aquellas situaciones que lo generaban.  A todas luces, una lección mal aprendida.

Cada vez que me encontraba con una situación desconocida o desagradable emergía la sombra del Calabaza entre aquella situación y yo,  como el celoso guardián de una verdad que no debía ser sacada a la luz. Era una barrera que no podía superar justamente por miedo. A menos que esperara a familiarizarme con dicha situación. 

Pero no podía vivir esperando que eso suceda. Nunca he podido esperar, porque es sinónimo de perder el tiempo. Así que sabía que debía atacar las situaciones que me generaran miedo, como sacar un curita de golpe, rápido y doloroso, sabiendo que se llevará con él algún que otro pelillo de recuerdo.

Al atacar nuestros temores, lo que abarca situaciones incómodas, nervios, vergüenza, sensación de inseguridad, etc. uno se va dando cuenta que son débiles, absurdos y sólo hay que ladrarle más fuerte de lo que ellos nos ladran a nosotros.

Seguramente has escuchado alguna vez de la denominada ley de la atracción, que postula que cuando uno cree firmemente en algo, se llega a materializar. Pero hay que creer muy fuerte para atraerlo, con las obvias excepciones materiales e inmediatas. Por más que pienses 24/7 que quieres un Ferrari, este no va a aparecer mágicamente en tu puerta si no haces algo durante mucho tiempo para conseguirlo.  El poder de la mente es mas fuerte de lo que creemos. Cuando se dice que sólo utilizamos el 15% de nuestro cerebro, es por esto. Porque utilizamos nuestro cerebro consciente y dejamos que nuestro cerebro subconsciente vuele sin parámetros ni control.  

Y lamentablemente nuestras creencias subconscientes mas fuertes se centran en las cosas malas que nos pueden pasar. O simplemente aquello que no queremos que nos pase. Y queremos evitar tan intensamente eso, que terminamos generando temores.

Y además les prestamos mas atención que a nuestras virtudes para superarlos, que muchas veces pasan desapercibidas. Uno puede creer firmemente que es capaz de lograr cualquier cosa, pero cuando se le cruza un miedo por delante, creerá en él con igual o mayor intensidad, y le prestará más atención a sus miedos que a sus valores y capacidades.

Por ejemplo, si vas caminando por la calle y ves que un león va corriendo hacia ti rugiendo con furia y sin control, le prestarás tanta atención que te impedirá ver que justo al lado tuyo hay una puerta abierta en la cual podrías entrar para evitar ser el almuerzo del simpático felino. Si en ese momento de pánico logras enfrentar y controlar el miedo, podrás encontrar la solución. 

Y cuando lo hayas hecho por primera vez, las siguientes serán cada vez mas sencillas. Pero hay que tener paciencia para hacerlo. Lo más fácil es aparcarse ante el pánico. Eso lo hace cualquiera. Pero actuar a pesar del miedo es lo que hace la diferencia. Tu puedes hacer la diferencia? No se trata de no sentir miedo, sino de actuar a pesar de sentirlo.

Por default nuestro cerebro le da mayor intensidad a nuestras creencias negativas que a las positivas. Esto sucede porque el cerebro humano está programado para protegernos, entonces ante una situación desconocida o que no nos gusta, nuestro cerebro nos protege dándonos señales de advertencia, de peligro. De miedo.

La mayoría de nuestros miedos son IRRACIONALES porque no tenemos fundamento concreto para tenerlos, simplemente los creamos inconscientemente para protegernos.

Piensa cuales son tus miedos y la próxima vez que te los cruces cree firmemente en que los vas a vencer y anda a por ellos.  Ojo que me refiero a miedos irracionales, no me refiero a vencer al temor de ser atropellado por una combi, porque si vives en Lima, estás dentro de las estadísticas de probabilidad.

Cuando enfrentas un temor,  tarde o temprano lo terminas venciendo. Si logras incrustar esta creencia en tu cabeza, tienes la mitad de la batalla ganada. La otra mitad, es ir a encararlo.

Y mientras mas arraigado esté ese miedo dentro de ti, mientras mas viejo sea, la victoria sobre él costará mas esfuerzo, pero será a la vez mas placentera.

Toda habilidad puede ser desarrollada. Desarrolla la tuya para combatir tus miedos. Y verás como la vida empieza a ser mas divertida.

Que pasaría si enfrentas tus temores? NADA, no te va a pasar  nada! Inténtalo. El éxito es una escalera que está compuesta de varios escalones llamados fracasos. Cuando tengas un fracaso, mira el lado positivo, has subido uno de esos escalones que te llevan donde quieres ir. Olvídate de las críticas, haz las cosas como si nadie te viera y ten paciencia para lograr aquello que quieres. 

Enfrenta tus temores tantas veces como sea necesario hasta que los venzas. Y cada vez habrá menos cosas que te produzcan temor. Al otro lado de tus miedos hay una sensación alucinante. Ve y búscala. Date cuenta que no tenias porque temer. 

Ya lo dijo Napoleón Hill, todo aquello que la mente pueda concebir y creer, puede ser logrado. Si te lo crees, ya tienes la mitad hecha.




Les dejo el mismo video de la primera parte, para aquellos que no lo vieron.  

martes, 1 de abril de 2014

La Sombra ... (1a parte)

Empezó cuando tenia 6  años. Vivíamos en una casa que quedaba en una esquina del distrito de San Miguel. Entrando estaba el garaje que, cuando no estaban los autos, lo utilizábamos literalmente como campo de batalla en el que con mis hermanos y primos, nos sumíamos por horas en combates sangrientos de matagente, 7 pecados, carnavales, guerra de lanzachapas, escondidas, chapadas y etc. 

A mano derecha había un jardín con un santuario para la virgen María en la esquina y una pequeña farola negra en medio, que cuando se encendía por las noches daba la impresión de estar en un pequeño parque de la época en la que los automóviles eran una utopía. Sobre la izquierda había una escalera que llevaba al segundo piso, donde vivian mis abuelos. La particularidad de esa casa era que físicamente parecía una sola, pero en realidad eran 2 departamentos que compartían garaje y jardin.


Aquella noche estaba yo sentado en la cocina, cenando apaciblemente con mi familia mientras el televisor que estaba detrás de la cabecera de la mesa en la que estaba sentado mi padre, arrojaba imágenes de Alyssa Milano en “Quien manda a quien?”. Atrás del televisor había una puerta que conectaba con la lavandería. Era un puerta de vidrio mate, de esos que sólo permiten ver siluetas y a la que se ponía seguro presionando el botón que estaba en medio de la manija.

Miré con extrañeza cuando la puerta se abrió, pues en ese momento estábamos todos en la mesa. Quien podría abrir la puerta que daba al patio interior?. Tal vez sería alguno de mis abuelos cuyo departamento tenía conexión con el nuestro a través de las escaleras interiores que estaban en la lavandería.

Pero no eran mis abuelos. Era ESO.

Tenía la cabeza muy grande, de color naranja, con finas líneas verticales que rodeaban su circunferencia y la separaban en paños. Tenía los ojos vivarachos redondos y muy grandes, sin párpados ni cejas. Su ceño fruncido, como quien sabe que va a lograr sin contratiempo alguno,  el daño que se está proponiendo y que lo va a disfrutar mucho. Su sonrisa calmada pero llena de malicia coincidía con su mirada.

A diferencia de su gran cabeza, su cuerpo era delgado pero muy alto, tanto  que sobrepasaba la altura del marco de la puerta. Sus  brazos largos eran simétricamente longitudinales a su cuerpo y terminaban en 2 grandes muñones de los que sobresalían incontables trozos de paja. No tenia manos.

Apareció en la puerta con su sonrisa malintencionada. Se acercó muy lentamente los 2 ó 3 metros que lo separaban de nuestra mesa, deteniéndose detrás de mi padre. Sus movimientos abstractos hacían parecer que levitara. Nunca dijo nada, sólo se quedó ahí parado mirándome fijamente con actitud relajada, como si me volviera a ver después de tiempo.  

El primer instante me costó asimilar lo que estaba viendo, intentando en vano buscar respuestas lógicas para ello, pero al cabo de un par de segundos caí en cuenta de lo que estaba pasando. Estaba inmóvil mientras lo miraba, sintiendo como un exorbitante miedo se apoderaba de mi. Su aterradora cara, que contenía la más lúgubre de las miradas me paralizó del pánico.  Su sonrisa hacia denotar su seguridad en conseguir lo que venia a buscar.

Mi primera intención fue gritar como nunca antes lo había hecho, pero no podía emitir  sonido alguno. A pesar de mi colapso nervioso, de alguna forma podía notar que el resto de mi familia seguía con su rutina habitual como si no ocurriera nada. Al parecer nadie se daba cuenta de su presencia ni del pánico que me controlaba físicamente y no dejaba que me moviera. No podía evitar el contacto visual entre él y yo, pues ni si quiera podía cambiar la dirección de mi mirada y él no me sacaba la vista, como si yo fuera lo único que estuviera al alcance de su macabra  visión.

Nuevamente intenté  en vano gritar con todas mis fuerzas para que se dieran cuenta que ese inmenso y aterrador ser estaba parado en nuestra cocina, justo al lado del televisor mirándome con intensidad y con una sonrisa que claramente decía “vengo por ti”.  Pero nunca dijo nada, sólo permanecía observándome impávido, con una sonrisa que demostraba que estaba regocijándose con mi pánico y sufrimiento.

Luego de unos  eternos segundos, se retiró de la misma manera que llegó, deslizándose hacia atrás, levitando, sin voltear ni dejar de mirarme, sin cambiar ni un ápice su estructura facial. Sin dejar de sonreir. 


Cuando cerró la puerta, sentí que recuperaba libertad de movimiento. Cuando sentí que la chucharita de la leche cayó de mi mano hacia la taza, pude inflar mis pulmones para soltar el incesante y clamoroso grito que necesitaba.

Grité muy fuerte, desde lo más profundo de mi pecho, con los ojos cerrados para intentar sacar esa terrible sensación que me había invadido. Pero mas que gritaba no podía aliviar el dolor interno en el pecho y por un momento pensé que no lograría atenuarlo. 

Mientras el agudo y expresivo sonido salía de mi boca, empecé a sentir ardor de garganta a la par que gotas de sudor frio bajaban por mi frente y mis dedos se clavaron en las palmas de las manos por la fuerza con la que había cerrado los puños.

Abrí los ojos cuando la falta de aliento me obligó a dejar de gritar. La habitación estaba oscura, pero aun así pude identificar la imagen de la lámpara colgante de Meteoro que veía todas las noches antes de dormir. Me senté en la cama, empapado en sudor, con las rodillas temblando y lágrimas en los ojos. Prendí la luz de la mesa de noche para ver que el reloj marcaba las 3 y 10 am. En ese momento no lo sabía, pero se dice que esa es la hora en la que nos buscan.

Fui a la habitación de mis padres y los vi durmiendo tranquilamente, lo que me extrañó pues el ardor que sentía en la garganta confirmaba que efectivamente había gritado muy fuerte y ellos no me habían oído. O tal vez si, pero por alguna razón no se habían despertado.  Me metí en su cama para dormir con ellos, pues a esa edad sientes que ese lugar es un castillo inexpugnable para cualquiera que quiera inferirte algún tipo de daño, inclusive en sueños. Por lo que al momento volví a caer dormido.

Al dia siguiente no le conté lo sucedido a nadie. Para mi estaba claro que había sido un sueño, fuerte y cargado si, pero sólo un sueño. Pero aún tratándolo de esta manera, cada noche que iba a tomar un vaso con agua a la cocina, una sensación escalofriante me alarmaba, como si alguien me quisiera coger por la espalda.

Para ir de las habitaciones hacia la cocina, debía pasar indefectiblemente al lado de la puerta de la lavandería, donde lo había visto. Ahí mismo tenia que encender el interruptor de la luz y correr hacia mi izquierda que era donde estaba la cocina, dándole de esta manera la espalda a la puerta de la lavandería. Tenia que caminar como 7 metros desde que ingresaba al pasillo de la cocina yendo hacia el caño del agua, siempre dándole la espalda a la puerta de la lavandería.  Cuando terminaba de tomar el agua, lavaba el vaso rápidamente y lo dejaba secando en la bandeja sintiendo que tenia a alguien respirando en mi nuca.  En esos momentos rogaba porque la luz no se apagara.

Luego debia salír corriendo de la cocina para pasar la puerta de la lavanderia, al lado de la cual debía apagar el interruptor de la luz. Corria para evitar ver, en mi camino de regreso, que esa puerta se abriera y apareciera nuevamente aquel ser.  Apagaba la luz y enrumbaba velozmente hacia el pasillo de las habitaciones.  En esa corta carrera la sensación que alguien me iba a coger por la espalda para jalarme hacia la lavandería se intensificaba. Así que corria como si me persiguiera el perro rabioso de los vecinos.

Todas las noches era la misma historia. Estaba viviendo con miedo permanente. Y en mi propia casa. Sabia que era un miedo irracional, pues sólo había sido un sueño. Pero la sensación que en la oscuridad de la noche algo me iba a jalar por detrás era muy real y palpable.

Pasó mucho tiempo asi, sintiendo un miedo totalmente irracional, pues el ser calabacezco no volvió a aparecer.

Hasta el dia de mi 7º cumpleaños. 

Vinieron mis tios, mis primos y los infaltables parientes que no conoces y que años mas tarde los invitarás a tu matrimonio, si es que te casas, aun sin recordar quienes son. Además de ello,  recuerdo la torta de manjarblanco en medio de la mesa, franqueada por sanguchitos, chizitos,  tico ticos y caramelos variados. Recuerdo que no podía despegarme de la avioneta amarilla de juguete que me  acababan de regalar. El techo de la cabina de la avioneta, donde cabían sentados unos 20 pasajeros, se podía abrir y al final de las alas tenia 2 misiles del mismo color y que no podían dispararse mas que en la imaginación. Porque una avioneta civil amarilla de 20 pasajeros tendría misiles? La gente de "Basa" tendrá la respuesta?

Luego de cantar el extranjerisimo japiverdei, comer torta y seguir volando mi avioneta hasta el infinito y mas allá, me fui a dormir, sin aquella vez necesitar de la aventura del vaso de agua nocturno.

A mitad de la noche un sonido seco me despertó. Prendí la luz de la mesa de noche para ver la hora. Ya que me había despertado, aprovecharía para ir al baño, que estaba justo en frente de mi habitación. Mientras estaba en el baño volví a escuchar el sonido, como si un gran y gordo libro de tapa dura cayera de la estantería. Salí del baño y fui a la habitación de mis padres, que para variar roncaban plácidamente. Entonces me quedé parado en el oscuro pasillo para ver si oia dicho sonido nuevamente.  Pensaba  “por favor no suenes de nuevo, porque de lo contrario voy a tener que ir a averiguar  y no quiero”. Pasaron unos segundos, no escuché nada. Me tranquilicé y volví a mi habitación. A lo mejor me estaba imaginando todo aquello, ocasionado por la exagerada ingesta de torta de manjarblanco.

Me quedé sentado en la cama un rato antes de apagar la luz. Me di cuenta que no había visto la hora. Eran las 3:10 am. Eché una mirada a la repisa donde estaba mi avioneta amarilla, reluciente. Apagué la luz y me recosté tapándome hasta el cuello, me di vuelta y me acurruqué en un rincón mirando a la pared en la cual estaba pegada mi cama, dándole la espalda a la mesita de noche.

Mi mente empezó a vagar velozmente en la inmensidad del infinito, inequívoco signo que me estaba quedando dormido.

PAFFFF!!!

Nuevamente el maldito sonido. Ni si quiera llegué a dormirme. Que mierda está sonando tan cerca de mi??? Despierto, pero con los ojos cerrados, esperé sin moverme para que todo se solucione sólo. Busqué las voces de mi familia hablando sobre el golpe. Nada. Todos seguían dormidos.

Decidí no moverme ni abrir los ojos y esperar a quedarme dormido. A la mañana siguiente se me habría olvidado. Empecé a sentir escalofríos, así que me acurruqué un poco más, envolviéndome en las mantas, pegándolas a mi cuerpo.

Pero contrario a lo que buscaba, sentía mas frio aún. No importaba, prefería morir de frío a ir por un suéter.

PAFFFF!!!

Mierda! ahora sí que lo sentí en mi oreja. Y estaba temblando de frio. Decidí volverme para ver que estaba sonando, pero me había acobijado tanto que se me hacia difícil darme la vuelta para prender la luz. Luego de una pequeña lucha con las mantas, logré desenvolverme de ellas y darme vuelta.

Al abrir los ojos estaba ESO parado al lado de mi cama, viéndome con la misma sonrisa macabra y mirada aterradora. Nuevamente quedé paralizado por el miedo. No podía gritar, no podía llorar, no podía moverme. Cuando me quedé totalmente inmóvil, levantó sus largos brazos y se inclinó hacia mí con inequívocas intenciones de llevarme con él.  Siempre con la macabra sonrisa, como sabiendo perfectamente lo que estaba haciendo y como iba a terminar la historia, y con la mirada mas fúnebre de todas, que inspiraba terror.

Mientras se acercaba a mi, pude ver como donde debía tener las manos, sólo habían puñados de paja, que iban cayendo a mi cama.

Fueron sólo pequeños instantes, durante los cuales mi mente accedió a asimilar que no había nada por hacer, que mi avioneta amarilla prácticamente nueva, iba a quedarse sin dueño y que la iban a regalar a alguien que la pudiera aprovechar. Sentia unas náuseas incontrolables pero tampoco podía vomitar. No podía hacer nada. Llegado este momento, la mente acepta su destino rápidamente.

Cuando tuve su cara muy cerca sentí su escatológico olor. Entonces abrí los ojos. Estaba temblando y bañado en sudor. Me dolía el cuerpo como si me hubiera pasado un tren por encima. Pero esta vez no había ardor en la garganta. Asustado más que aquella primera vez, logré incorporarme de mi cama. Era de dia.

Por segunda vez había soñado con ese ser tan horrible. Y esta vez fue mas real, hasta pude olerlo. Me levanté para ir al baño. En el camino pensaba en el sueño y me sentía aliviado de que sólo había sido eso. Me sentía feliz que ya fuera de dia. Me sentí feliz de sentir que mi familia ya se estaba levantando.

Que alivio se siente el despertar luego de una profunda pesadilla que parece tan real. Tal vez debía contarle mis sueños a alguien. Mientras pensaba esto, volví a mi habitación y me quedé perplejo con lo que vi.


Montones de paja suelta en mi cama.....


Valiente no es aquel que no tiene miedo, valiente es aquel que actúa a pesar del miedo.